Lunes, 18 de diciembre de 2017

Las lenguas prehispánicas son una riqueza
a preservar

14/07/2014
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Isaac Torres Cruz"Cuando los españoles llegaron en el siglo XVI a la zona lacustre de Mechuacan (lugar entre lagos), los pobladores locales, lejos de conflagrar contra los nuevos ‘invasores’, los vieron como sus aliados al haber derrocado al Imperio Azteca, por lo tanto los locales pacíficamente regalaron a los españoles a sus hermanas como obsequio para que viajaran con ellos en sus nuevas expediciones hacia el sur del país; por lo cual cuando los españoles se despedían de los pueblos purhépechas los nativos se despedían diciéndoles ‘Tatzikia tarhashkuecha’ que significaba ‘adiós cuñados...’ Por lo cual los españoles les decían los tarhashkuas o los tarascos, porque al no entender el idioma de ellos solo escuchaban que mencionaban esta palabra en repetidas ocasiones: ‘tarhashkua, tarhashkua, tatzikia tarhashkua’”, suscribió, probablemente, el franciscano fray Jerónimo de Alcalá en Relación de Michoacán.Esta es una de las hipótesis sobre el origen del “apodo” puesto a los purépechas –que significa “lugar donde viven los p’urhé (gente)”—, cuya cultura inició su desarrollo alrededor del 1200 d.C., dentro del Posclásico. Pero esta referencia del imperio que se expandió desde el estado de Michoacán hacia territorios vecinos en su momento de esplendor, proporciona un guiño sobre su característica lengua, única en Mesoamérica. Quizá esta sea una de las características más simbólicas de esta cultura, junto con el hecho de que fue una que permaneció al margen del yugo azteca.Para entender a las culturas prehispánicas se requiere investigación arqueológica, pero también adentrarse a su lengua, exploración que ha realizado Frida Villavicencio Zarza, coordinadora del Laboratorio de Lengua y Cultura Víctor Franco (LLCVF) del Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social (CIESAS), y quien se ha vuelto una de las mayores especialistas en ésta.SUI GENERIS. Cuando se adoptan las lenguas como objeto de estudio, señala en entrevista, hay que conocer el marco teórico de cómo concebir el lenguaje y entender lo que pasa con los hablantes, los cambios y variaciones que se van teniendo. Posteriormente, el investigador se puede especializar en uno, algunos lo hacen en el español, inglés, griego o zapoteco. Ella eligió el purépecha.Cuando empezó a trabajarlo en los ochenta era una lengua poco investigada porque es muy sui generis, dice. “En México hay mucha tradición de estudios en náhuatl y de su familia, así como en lenguas mayas. Pero con el purépecha ha habido un boom en su estudio y hoy en día pueden reconocerse a unas siete personas en el mundo de alto nivel especializado en ésta”. “¡Siete!”, parece muy poco, no obstante la especialista advierte que existen otras lenguas que cuentan solo con uno, en contraste con las “taquilleras” como el náhuatl donde se tienen expertos en el de tradición de la Colonia, el actual, del Alto Balsas y huastecas.“El purépecha es más modesto, pero curiosamente tiene una tradición de escritura”. La investigadora del CIESAS, uno de los 27 centros de investigación Conacyt del país, se especializó primero en los estudios históricos dentro de la lingüística; su trabajo doctoral fue sobre una consideración entre el purépecha que se hablaba y que está documentado en textos del siglo XVI. “En el actual vemos el resultado de esos cinco siglos después”.Pero ¿por qué sui generis?, ¿qué tiene de “extraño”? La investigadora explica que esto se debe a que no se conoce con certeza con qué otras lenguas está emparentada. El otomí y el mazahua lo están, por ejemplo, como el tzotzil, tzeltal y el maya, como el español, portugués y francés…“El purépecha siempre queda como una isla lingüística dentro del panorama de Mesoamérica. No tenemos otras lengua con la que podamos relacionarla: tiene una gramática muy especial que no vemos ni observamos en otras lenguas de Mesoamérica”.Uno de los motivos que más le apasionan a la científica sobre esta lengua es observar cómo va evolucionando y cambiando, “cómo llegamos a tener el purépecha que tenemos ahora. Otro aspecto que recalca sobre ello es cómo los primeros lingüistas de la lengua fueron los frailes misioneros que la describieron; “donde había humanistas que en el siglo XVI se interesaron por una lengua tan extraña a su propia cultura e idioma, una tan distinta al español, francés o latín, pero que dejaron testimonio de ella”.LABORATORIO. El Laboratorio de Lengua y Cultura Víctor Franco forma parte de los laboratorios del CIESAS y en éste participan lingüistas, historiadores, antropólogos, comunicólogos, educadores, y otros especialistas interesados desde distintas ópticas la relación entre lengua y cultura. Su creación “responde a necesidades tanto de investigación como de recate y difusión del patrimonio lingüístico y cultural del país, hasta ahora poco valorados y atendidos”, señala el portal web del laboratorio.Uno de los resultados de esta interacción es el desarrollo de materiales multimedia para niños en un contexto de diversidad cultural y lingüística, esto es para el aprendizaje y enseñanza de lenguas y español, así como de contenidos del plan de estudios educativos del país.Estos materiales educativos se utilizan en diversas comunidades del país y abarcan las casi las 11 familias lingüísticas prehispánicas del país. Incluido por su puesto el purépecha. “Las lenguas indígenas tienen una historia, no empezaron a hablarse ayer”, enfatiza la investigadora sobre la necesidad de estudiar y entender la historia de estas lenguas, que solo sobrevivirán al tiempo si existen niños que las hablen generación tras generación.Para enfatizarlo, recurre de nuevo a su objeto de estudio. “Estos hablantes tienen raíces profundas, ya hablaban purépecha antes de la llegada de los españoles, son siglos de historia que sería interesante hacérselo llegar a los niños para que echaran más raíces. Hay que cuidar las lenguas, entender que son muy antiguas, parte de nuestro origen está ahí y que es una riqueza que todos debemos de cuidar”.