Martes, 12 de diciembre de 2017

"Los puristas no se dieron cuenta de que
terminó la guerra"

07/07/2014

J.C.R.F., Lucha LibroIlan Stavan (53) no sólo es un reconocido profesor, ensayista, traductor, cuentista y lexicógrafo mexicano. Es, ante todo, un evangelizador del mestizaje cultural y de su hijo pródigo: el spanglish. De hecho, él imagina a los puristas y defensores del castellano puro encerrados en “esa barraca que llamamos RAE”, dispuestos a morir en batalla como señal de sacrificio. “Los pobres no se han dado cuenta de que hace tiempo que terminó la guerra”.De padres judíos, sus primeros idiomas fueron el yiddish y el castellano. A los 25 emigró de México a EE.UU., comenzando la tarea de reivindicar un lenguaje mutante y en constante transformación. Así, adaptó ‘Don Quijote’ al spanglish, escribió en diarios como el NY Times o La Jornada, publicó decenas de libros y fue contratado como profesor de culturas hispánicas en el prestigioso Amherst College de Massachusetts.“Creo que el ‘Don Quijote’ nos contiene a todos, que el ADN de nuestra civilización está en la novela. Es un libro mal escrito de durabilidad eterna, que nos enseñó -mal que bien- a ser modernos. Es, por último, el menos español de todo el canon literario en nuestra lengua, a grado tal que si Cervantes estuviera vivo, dudo que se le daría el Premio Cervantes”.Sus ensayos son divertidos, inteligentes y se leen de un tirón. “El desafío más grande que tenemos hoy los que vivimos de las palabras es el de hacer relevante el acto de pensar. No es fácil en una época como la nuestra en la que es cómodo no hacerlo”, señala.¿Cree que los enemigos del mestizaje idiomático y el “spanglish” ha envejecido y disminuido el volumen del ruido? ILAN STAVANS: Sí, por supuesto. La resignación es una de las estrategias de la realidad. Los muy pocos puristas del lenguaje que quedan están hacinados en esa barraca que llamamos RAE, dispuestos a morir en la batalla en señal de sacrificio. Los pobres no se han dado cuenta que hace tiempo que terminó la guerra.LL: En este contexto, ¿cómo ve el futuro del idioma castellano? ¿Dinamizándose cada vez más? ¿Encontrando cierta estabilidad en su cruce con el inglés?IS: Las únicas lenguas que sobreviven son las saben adaptarse a su circunstancia. Esa adaptación conlleva todo tipo de deudas y préstamos. Ni tú ni yo reconoceremos el español del año 2514, así como Cervantes seguramente se asombraría de nuestras costumbres idiomáticas. ¿Qué es un fax, diría? ¿Un avión? ¿Un chance? Por cierto, en el futuro cercano se escribirán novelas célebres en spanglish que habrá que traducir al español y al inglés para que sean leídas en Santiago o entre la minoría blanca en Nueva York.LL: Usted, como Ariel Dorfman o Alberto Fuguet vive entre los dos idiomas. ¿Es cierto eso de que uno no sólo “piensa” distinto sino que “es” una persona diferente dependiendo el idioma en que se está hablando? Si es así, el “spanglish” sería una opción óptima de desarrollo personal.IS: Sin duda alguna. Mis gestos faciales, el movimiento de mis manos, mis cadencia son diametralmente distintas dependiendo el idioma que empleo. Por ejemplo, toco a le gente en español mientras que la mantengo lejos en inglés. Es como el caso del Doctor Jekyll y Mister Hyde: dos caras de la misma moneda. La situación es todavía mejor uno habla tres, cuatro, cinco idiomas. Se siente la disociación de la personalidad. En este sentido, el spanglish es liberador: el justo medio, el balance de cuentas.LL: Usted desarrolla una forma de ensayo muy dinámica, con elementos académicos, humor y una mixtura de referencias. Esa movilidad, ¿tiene que ver también con eso de vivir entre dos idiomas? IS: Tiene que ver—supongo—con el hecho de que convergen en mí tradiciones intelectuales diversas, que yo he fundido en un menjunje. Además, mi objetivo siempre es el de hablarle a más de un solo público. Yo creo que el desafío más grande que tenemos hoy los que vivimos de las palabras es el de hacer relevante el acto de pensar. No es fácil en una época como la nuestra en la que es cómodo no hacerlo. LL: ¿Cómo recibe Estados Unidos la influencia latinoamericana en la actualidad? ¿Se puede distinguir una posición distinta entre la academia, la elite y la ciudadanía? ¿Es distinto en LA o NYC que en el sector más WASP? IS: Ya sabes que la academia siempre con varios pasos de retraso. En el mundo real, esa presencia es algo de todos los días, sobre todo en las grandes ciudades. De hecho, el país está experimentando un cataclismo. La mayoría blanca está encogiéndose, a grado tal que pronto será una minoría. Mientras tanto, las varias minorías (latinos, negros, asiáticos, etc.) son cada vez más numerosas, al punto que en lugares como San Antonio y Miami son ahora mayoría. La ecuación, como verás, está invirtiéndose. Para muchos de nosotros, Barack Obama es el principio de un cambio fundamental. Lamentablemente, él no entendió—no le prestó atención—a los hispanos. Pero el próximo presidente no tendrá otra alternativa. LL: ¿Cree que falta poco para que el nuevo presidente de Estados Unidos sea hispano? Si es así, ¿cambiará la política de inmigración o, al contrario, la radicalizaría? IS: Difícil saberlo. Antes pensaba que estábamos lejos. Pero creo que las condiciones para ese arribo ya existen. Curiosamente, mi impresión es que ese presidente tendrá una política conservadora ante la inmigración porque tendrá que probar su patriotismo ante el electorado.LL: El mestizaje implica violencia o al menos choques que dejan consecuencias. En el caso del inglés con el castellano, ¿cuáles serían los heridos en combate? IS: No hay acto humano que no incluya, aunque sea marginalmente, una dosis de violencia. El mestizaje es a un tiempo la herida que nos define y su medicina. El inglés es un idioma que acepta —de hecho depende de— la contaminación; es asombrsoamente dinámico. El español es más renuente, más jerárquico, más orgulloso. LL: Hace poco estuve en México y no deja de sorprenderme que una forma de romper el hielo entre argentinos, colombianos o peruanos es citar “El chavo del ocho”, la telenovela infantil Carrusel o a Juan Gabriel. De ahí se desprenden dos cosas interesantes. Primero, que todo lo que en nuestra infancia y juventud era visto con distancia o desprecio (a diferencia de Nirvana o Seinfield), terminó cobrando más importancia en nuestra memoria pop continental. Segundo, que México fue un epicentro de cultura pop para nuestros países. No sé qué piensas de ello. IS: Yo creo que Chespirito nos latinoamericanizó mucho más que Bolívar. Sus antecedentes son Cantinflas, Pedro Infante y las estrellas de la época de oro del cine mexicano. Estoy de acuerdo contigo: la nostalgia ennoblece lo cursi. Pero algo curioso ha ocurrido con “El chavo del Ocho”, “El chapulín colorado” y “El doctor Chapatín”: se han convertido en máquinas de significado. Habitan un presente perpetuo.LL: ¿Sientes que nuestras capitales culturales se han desplazado del eje Buenos Aires-México-Miami? IS: Buenos Aires ha dejado de ser relevante. El distrito federal, por su heterogeneidad, por su ubicación geográfica, es la pista de despegue y aterrizaje. Pero el núcleo de la cultura hispánica actual está en Miami, Nueva York y Los Ángeles.LL: Me gustaría saber en qué proyectos estás actualmente. IS: Estoy a punto publicar una historia de los EEUU en caricaturas con Lalo Alcaraz titulado A Most Imperfect Union: A Contrarian History of the United States (Basic), un manifesto titulado Reclaiming Travel (Duke) que aboga por una nueva manera de viajar, y, para celebrar los 400 años de Cervantes, un libro sobre cómo el Quijote se convirtió en la Biblia del mundo hispánico (W.W. Norton).LL: Hablemos del Quijote. A mí me hace mucho sentido cuando dices que es un libro excesivo, con mucho ripio o, incluso, “basura”, pero que justamente eso es parte de su trascendencia e importancia capital. De alguna manera nos refunda a través del lenguaje, ¿no? IS: Creo que el Quijote nos contiene a todos, que el ADN de nuestra civilización está en la novela. Es un libro mal escrito de durabilidad eterna, que nos enseñó—mal que bien—a ser modernos. Es, por último, el menos español de todo el canon literario en nuestra lengua, a grado tal que si Cervantes estuviera vivo, dudo que se le daría el Premio Cervantes.LL: Sobre tu manifiesto, ¿cuál sería la nueva forma de viajar? Travelling without moving? IS: Esa nueva forma empieza por reconocer lo engolosinados que nos tiene el turismo. Porque ser turista es una cosa y otra distinta es viajar. El turismo es un producto de la expansión de los medios de transporte a nivel mundial, de la formalización de las vacaciones y los fines de semana en nuestro horario social, y de los conceptos de trabajo y descanso. Pero estamos todos —lo digo sin ninguna duda— hasta la coronilla del turismo como un empaque de alegría. Hay que cerrar los ojos y abrirlos otra vez. Hay que entender que viajar es ir a lo desconocido y no a lo acostumbrado. LL: En mi país se sigue discutiendo sobre el fomento a la lectura a partir de dos datos: los libros tienen un 17% de impuestos y más de un 80% de chilenos no entienden lo que leen (según un informe de la U de Chile). Entonces se discuten formas de interesar a los más jóvenes en la literatura: campañas explicando que leer “es cool”, maletines literarios (cajas con libros básicos repartidos en barrios pobres), etc. Nada ha resultado… ¿No crees que ahora la gente lee tanto o más que antes, sólo que el formato y dispositivo cambió? Ya no son novelas, son tweets o timelines de facebook. Ya no son cuentos, sino que posteos. ¿Qué piensas? IS: Desde la perspectiva demográfica, hoy se lee más que nunca. Claro que una generación lee lo que la otra cataloga como basura y viceversa. Aunque no cabe duda que el conocimiento es una forma de poder, yo siempre he creído que el acto de leer es para pocos y que ser cool es ser elitista.