Miércoles, 23 de agosto de 2017

La lengua sefardí tendrá su propia academia de la lengua

06/08/2017

¿Va a crear la Real Academia Española una filial sefardí en Israel? "Nosotros no tenemos capacidad ni voluntad de imponer la creación de nada", asegura Darío Villanueva, director de la RAE. Sin embargo, las puertas están más que abiertas. 

"Hemos dado los pasos para que esa realidad se pueda producir. Ya tenemos diez académicos correspondientes extranjeros especialistas en judeoespañol y que pueden ser el núcleo de esa Academia", comenta Villanueva a este diario. El judeoespañol, o ladino, es la lengua que hablaba la comunidad sefardí antes de ser expulsada de España en 1492 por los Reyes Católicos. 

Se estima que alrededor de 400.000 personas en Israel usan la lengua de alguna forma u otra y hay comunidades sefardíes repartidas por todo el mundo. Una de las más grandes habita en Estambul. También se editan a diario periódicos en esta lengua y hay un gran acopio de literatura, folclore y traducciones.

Tras una entrevista a Villanueva publicada en el diario británico The Guardian, algunos titulares de prensa se han lanzado a asegurar que es la RAE la que va a crear una Academia del judeoespañol en Israel. Pero la información es equívoca, ya que la iniciativa no depende de la Academia española sino de los expertos israelíes.

La Asociación de Academias de la Lengua Española (Asale), presidida también por Villanueva, es un órgano formado por diversas academias que colabora con la RAE para velar por la unidad de la lengua española más allá de la Península. La colombiana fue la primera en incorporarse a la red, en 1871, y el año pasado se sumó la ecuatoguineana, formando un total de 23 academias. La hipotética filial sefardí, que todavía no tiene proyecto ni fecha, pasaría a formar parte de la Asale.

Sin embargo, el artículo 25 de los estatutos de la Asale establece que "la Asociación no es competente en el proceso de constitución de nuevas Academias". Para que esto ocurra hacen falta tres requisitos: que la supuesta Academia sea de carácter nacional, que esté fundada por al menos tres académicos correspondientes, y que sus estatutos cumplan los criterios establecidas por la Asale.Es en la figura del académico correspondiente extranjero donde empieza y termina la injerencia que la RAE pueda tener, ya que sí son nombrados por el órgano español como asesores expertos. 

"De los 10 académicos expertos en judeoespañol que nombró la RAE, ocho son de Israel", comenta Villanueva, por lo que ahora depende de ellos impulsar una Academia sefardí en ese país. "Hemos mantenido el contacto con ellos, están enterados de esta posibilidad y muy interesados en ella, pero hay que matizar que el proceso viene de allí para acá", dice. 

"El judeoespañol es una lengua que ha experimentado muchas influencias de otros idiomas porque la comunidad sefardí vivía en entornos de otras lenguas y tienen préstamos léxicos muy importantes", comenta Villanueva, y añade que el interés lingüístico y cultural es notable porque el castellano sufrió cambios importantes en el siglo XVI y, entonces, el judeoespañol es un vestigio de un estado del español anterior al moderno. "Nosotros no deseamos que la Academia de judeoespañol, si se llega a constituir, sea un instrumento para homologar la lengua al español del siglo XXI, sino para mantenerlo con las características que le pertenecen", añade.

¿Significa esto que una hipotética Academia alejaría al judeoespañol de ser una lengua en serio peligro de extinción? "No me atrevería a decir tanto. Lo que sí, es que estoy recibiendo mensajes de sefardíes desde Israel que consideran que es un paso importante para el reconocimiento de su idioma", añade. "Vista la buena acogida que está teniendo la idea, a principios del año próximo queremos convocar una convención en Madrid a la que vendrían los correspondientes extranjeros especialistas en judeoespañol", comenta Villanueva, para mostrar su apoyo a la creación de una Academia en Israel.

Esta iniciativa lingüística termina de pavimentar el camino hacia la conciliación con los descendientes de los judíos que fueron expulsados por Isabel de Castilla y Fernando de Aragón. En esa línea, en 2015 el Gobierno español aprobó una ley por la que se concedía la nacionalidad a los sefardíes originarios de España, algo que se calificó como la reparación de una injusticia histórica.