Martes, 12 de diciembre de 2017

Poeta Armando Rojas Guardia a la Academia Venezolana

12/11/2015

El poeta venezolano Armando Rojas Guardia fue electo Individuo de Número de la Academia Venezolana de la Lengua, en la sesión de la corporación realizada el pasado lunes 2 de noviembre de 2015.

Fuentes de la AVL confirmaron que el escritor ocupará el sillón W, en sustitución del escritor e investigador Carlos Pacheco, recientemente fallecido.

Jonatan Alzuru resalta de Rojas Guardia "el aporte a la poesía venezolana, su reflexión a propósito del humus, del clima, del ambiance, del kairós, de la época que nos ha tocado vivir; sus aportes vitales y teóricos, desde la perspectiva del paciente psiquiátrico, para la configuración de nuevas miradas de las relaciones terapéuticas; su indeclinable apuesta por la alegría, por la asunción de la fiesta de la amistad como experiencia sustancial del vivir; la indomable subversión contra todo poder que se manifiesta en prácticas despóticas microfísicamente, no solo legitiman la acertada decisión de la Academia; sino además, se configura, tal evento, en una señal, en un síntoma, de la potencia cultural de nuestro pueblo. Armando es un horizonte de reflexión para ésta y las futuras generaciones de las comunidades intelectuales de Venezuela y América Latina".

Rojas Guardia nació en Caracas, en 1949 ). Letralia reseña de este autor que tuvo una destacada participación en el Taller de Calicanto y Antonia, y en la fundación del Grupo Tráfico (1981), ambos en Caracas. Ha desempeñado una amplia labor cultural y docente vinculada a la literatura.

Entre los libros de Rojas Guardia se cuentan "Del mismo amor ardiendo" (1979), "Yo supe de la vieja herida" (1985), "Poemas de Quebrada de la Virgen" (1985), "Hacia la noche viva" (1989), "Antología poética" (1993), "La nada vigilante" (1994) y "El esplendor y la espera" (2000).

Sobre este último libro, el poeta Miguel Márquez escribió lo siguiente: "Si el templo de la poesía es la palabra, los poemas de Armando Rojas Guardia son formas arquitectónicas, trazados templados por la necesidad sonora, donde los volúmenes adquieren fisonomía por el ritmo y las piedras abundan, la dura consistencia de las rocas y los infinitos perfiles proliferan como genios. Brillos que en la oscuridad del alma nos regalan fasto y fiesta, reconciliación simbólica con zonas de nuestra psique que no lográbamos balbucear y que aquí, en sus poemas, vemos y leemos con renovada sorpresa y gratitud".