Lunes, 18 de diciembre de 2017

Primeras andanzas de Don Quijote en lengua checa

20/11/2016
Carlos Ferrer

El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha no fue traducido al checo hasta bien entrado el siglo XIX, y al principio solo en forma de algunos fragmentos. Con motivo del cuarto centenario de Miguel de Cervantes repasamos los inicios de la obra magna de la literatura española en tierras checas.

El Quijote gozó de un gran éxito y reconocimiento internacional relativamente rápido para los cánones de la época. Si la primera parte se publicó en 1605, en 1610 ya estaba traducida al italiano, y en 1612 al inglés. Al francés llegó en 1614 y al alemán en 1621.

En el siglo XVIII la obra llegó al ruso y el polaco. Las lenguas entonces minoritarias, entre las que se encontraba el checo, tuvieron que esperar a los movimientos nacionalistas del siglo XIX. La necesidad de revalorizar sus idiomas llevó a los pequeños pueblos europeos a traducir los grandes clásicos, entre ellos la obra de Cervantes.

En el caso de los checos, una de las naciones que conformaba el imperio austrohúngaro, el Quijote era un libro conocido pero al que se accedía a través del alemán. Había interés por traducirlo pero entre la intelectualidad checa faltaban conocedores de la lengua castellana capaces de una hazaña de este nivel.

Esto llevó a una serie de trabajos irregulares durante todo el siglo XIX, explica para Radio Praga el profesor Miloslav Uličný, de la cátedra de Traductología de la Universidad Carolina y autor del estudio Versiones Checas del Cervantes de Don Quijote’ (‘České verze Cervantesova Dona Quijota’).

“Eran médicos y sacerdotes que aprendían o aprendieron el español a través de otros idiomas, y a veces se trataba también de traducciones mediante otro idioma. Entonces no podemos descartar que la primera traducción de Don Quijote fuera efectuada a través o con ayuda de una traducción alemana o francesa”. Los primeros intentos llegaron de la mano de Josef Bojislav Pichl, un médico consagrado a la literatura, tanto en calidad de autor como de editor, y a la causa de revivir la lengua checa. En 1840 publicó en la revista Kwěty la traducción de tres capítulos de la primera parte del Quijote.

Su prosa evidencia que, aunque trabajó con el original en español, se ayudó con las versiones alemana y francesa. Además de los dejes de su prosa, que a veces recuerdan a la sintaxis alemana, se conoce que Pichl traducía habitualmente del alemán pero no hay evidencias claras de su dominio del español. Además, en 1838 tradujo las Novelas ejemplares de Cervantes reconociendo en el prólogo claramente que lo había hecho a través de la versión francesa.

Versiones simplificadas

El siguiente intento corresponde a otro médico vinculado con el nacionalismo checo, Josef Pečírka, que en 1864 publicó El Caballero Loco, un pasatiempo para el pueblo según la novela española Don Quijote de la Mancha.

Como su propio nombre indica, no se trata de una traducción como tal, sino de una adaptación para un público lector más amplio, considerado menos letrado. El estilo de Cervantes se simplifica y desaparecen todos los referentes culturales que podrían haber creado extrañamiento en el lector convencional de la época.

Los nombres de los personajes, por ejemplo, aparecen en su pronunciación checa en lugar de en su formato castellano original. Aunque se respeta la división en dos partes, los 126 capítulos de la novela se ven reducidos a 52. Además, la adaptación no se hizo a partir del original de Cervantes sino de otra adaptación alemana.

No se trató del único esfuerzo por simplificar el Quijote y transformarlo en una obra menos áspera, más breve y asequible. Solo en el siglo XIX surgieron también las versiones para lectores adolescentes de Antonín Kosina en 1884, que puede considerarse un plagio de Pečírka, y de Telč en 1897.

Una traducción híbrida

La primera traducción completa de la primera parte de la novela apareció en 1866, obra de Josef Bojislav Pichl, que ya antes había publicado algunos fragmentos en Kwěty. El traductor dedicó a este trabajo nada menos que 30 años, y aunque su trabajo es ciertamente elogiable, un examen traductológico revela que al igual que hizo con sus extractos varias décadas antes, para la traducción se ayudó muy posiblemente con la versión alemana, y quizás también con la francesa de Florian, que sin duda conocía.

La segunda parte de la novela se publicó apenas dos años más tarde y el trabajo no fue esta vez de Pichl, que renunció a la labor debido a compromisos profesionales. De la traducción se encargó Kristian Stefan, otro intelectual nacionalista checo políticamente activo y comprometido con el movimiento de renacimiento cultural.

En esta ocasión ya nos encontramos con una traducción realizada directamente desde el español sin mediaciones de otras versiones, aunque al considerarse el Quijote como una sola obra, dividida eso sí en dos partes, la edición de 1866-68 no puede tomarse como la primera traducción directa.

El producto resultante es pues un libro híbrido, en el que la primera y la segunda parte del Quijote exhiben estilos distintos, fruto lógico de los diferentes enfoques de sendos traductores, siendo Stefan más fiel al original.

El Quijote de Pikhart

El honor de ser el primer Quijote traducido al checo directamente desde el castellano corresponde a la versión de Antonín Pikhart, publicada en la editorial Otto en 1899 la primera parte y en 1900 la segunda. Esta nueva versión del clásico de Cervantes salió al principio en fascículos con un precio módico, luego ya en dos tomos en tapa dura.

A diferencia de la traducción anterior de Stefan, Pikhart se siente menos fiel al original, sin apartarse demasiado, y prefiere más bien ajustarse al tempo que marca Cervantes en la novela, de frases y periodos particularmente largos. Según afirma Miloslav Uličný en su mencionado estudio, Pikhart se esfuerza por dotar a su traducción de un “traje checo razonable y agradable”.

El éxito de esta traducción superó con creces al de la anterior, explica el profesor Uličný.

“Tras más de 30 años sale esta traducción, y con gran éxito la editorial Otto, que lo publicó lo fue sacando hasta los años 20. Creo que la última edición data de 1926, es decir, un cuarto de siglo después de la primera edición”.

La versión fue actual hasta el periodo de entreguerras y se tiene por una de las más influyentes. Se sabe por ejemplo que Jaroslav Hašek, el autor de El Buen Soldado Švejk, se apasionó por el Quijote precisamente leyendo esta versión.

Actualmente sin embargo, debido a sus numerosos arcaísmos y formas expresivas y gramaticales hoy en desuso no podría ser leída con comodidad por los lectores checos contemporáneos. Todas las traducciones, por buenas que sean, envejecen, afirma Uličný.

“Cien años más tarde algunas traducciones, no solamente suyas, sino de algunos de sus coetáneos, son casi ilegibles. No siempre, pero muy a menudo. Por el cambio de estilo, que se llama en la jerga traductológica la norma de la época. Esta, en cualquier idioma, se va desarrollando siempre, sin cesar”.

Una explosión de Quijotes, y luego la nada

La progresiva normalización de la lengua checa, con nuevas generaciones de lectores alfabetizados y un estándar ya más sólido y aceptado, dio lugar a comienzos del siglo XX a un mercado literario de mayor calado y con él a nuevos y frescos proyectos editoriales.

Esto se reflejó en nuevas y abundantes traducciones y adaptaciones del Quijote. Y entre ellas algunos plagios que en su época pasaron desapercibidos, explica Uličný.

“Luego aparecen lo que se llama robos intelectuales. Es decir, algunos traductores entre comillas sacan lo sustancial de la traducción anterior, cambiando un poco los comienzos de los capítulos o sus fines, y de esa manera consiguen ganar dinerito”.

Ya hemos mencionado que la adaptación breve para jóvenes de Antonín Kosina en 1884 era una copia maquillada del arreglo de Pečírka. A este robo intelectual siguió el de Karel Ladislav Kukla en 1907, y la adaptación incompleta del primer tomo perpetrada por Eduard Drobílek en 1914. El último plagio registrado fue el de Marie Luisa Kühnlová en 1928, con una versión adaptada que roba del Quijote de Pichl sin escrúpulos.

Las traducciones fraudulentas son el reflejo de un mercado lector que demandaba el Quijote, o sus adaptaciones. De hecho las nuevas traducciones de la novela completa y sin adaptar fueron llegando en un plazo relativamente breve de tiempo.

Tenemos así en 1924 la traducción de Hugo Kosterka y en 1931 la de Václav Černý. La última traducción llegó en 1952, a cargo de Zdeněk Šmíd, hace ya más de 60 años. Después el Quijote, a tenor de la ausencia de nuevas ediciones, dejó de generar el interés que provocaba entre los checos en la primera mitad del siglo XX.

La cuestión es si necesita traducirse de nuevo. Uličný asegura que la versión de Šmíd tiene para el lector moderno un deje arcaizante.

“La última traducción verdadera, la última como tal, data de 1952. Claro está, hoy nos parece un poco, no diría vieja, anticuada. Y a decir verdad a veces no se sabe si es por el pasar del tiempo o si era la intención del traductor”.

Quizás ese tono antiguo, que encaja con la percepción del Quijote como un libro algo remoto, escrito a comienzos del siglo XVII, no repele al lector tanto como se podría pensar.

El caso es que la novela no fue retomada hasta 2005, cuando se volvió a simplificar para los lectores jóvenes. En 2014 y en 2015 aparecieron sendas adaptaciones, la primera de ellas una modernización de la versión de Kabelík de 1926. En ambos casos, según Uličný, nos encontramos ante refritos poco afortunados de trabajos anteriores, plagados de errores y de licencias expresivas que no respetan el estilo original de Cervantes.

La opción para el interesado en disfrutar con la primera novela moderna de la historia tiene por tanto, de momento, que conformarse con alguna de las traducciones de sabor arcaico elaboradas hace más de medio siglo. Quizás va siendo hora de que el ingenioso hidalgo vuelva a hacer una incursión a la lengua checa.