Martes, 12 de diciembre de 2017

Racismo en el lenguaje: la carreta delante
de los bueyes

15/02/2013

Ricardo SocaEl subsecretario de Educación de Uruguay, Óscar Gómez, decidió contribuir a la campaña contra el racismo lanzada por la Casa de Cultura Afrouruguaya sugiriendo a la Academia Nacional de Letras (ANL) que retirara del Diccionario del español del Uruguay expresiones que pueden ser discriminatorias.Gómez, un maestro de escuela que probablemente será muy bueno en su profesión, debe haber sentido que la autoridad de su cargo le daba poder suficiente para enseñar a algunos de los principales lingüistas y hombres de letras de este país cómo deben hacer su trabajo. Inspirado tal vez por la amplia cobertura mediática de que fue objeto la iniciativa de la Casa de Cultura Afrouruguaya, debe haber buscado atraer hacia sí la prensa, y tal vez algún votito, nunca se sabe, olvidando su ignorancia supina de los principios más elementales de la lexicografía (la técnica de elaborar diccionarios).Desde lo alto de su cargo, el secretario sugirió a los lingüistas de la Academia, algunos de ellos con doctorados y maestrías de Lexicografía en el exterior, que eliminaran del diccionario exrpesiones como “caliente como negra en baile”, “como quien peina negro”, “costar un negro con pito y todo” y “trabajar como negro chico”.El secretario de Educación ignora que la función de un diccionario no es determinar qué palabras se pueden decir ni lo que deben significar, sino la de describir —con la fría objetividad con que un entomólogo lo hace con un insecto o un astrónomo con la trayectoria de un cometa— la lengua tal como es hablada en una comunidad.Una palabra o una expresión no pueden ni deben ser retiradas de un diccionario porque sean feas, ofensivas o discriminatorias. El lexicógrafo que lo hiciera estaría desempeñando mal su trabajo puesto que, si están allí, es porque los hablantes las emplean y la prensa y los escritores las reproducen. Lo que corresponde en estos casos es recurrir al uso de marcas lexicográficas que indiquen al lector del diccionario que un vocablo o una expresión son 'discriminatorios', 'ofensivos' o 'vulgares'.Las palabras denotan cosas que existen en algún plano del mundo real o de nuestros mundos imaginarios; cuando hayamos eliminado el racismo de nuestra mentalidad, de nuestras actitudes y de nuestro comportamiento, el contenido racista desaparecerá de las palabras y expresiones, que no son otra cosa que un reflejo de lo que percibimos, pensamos y creemos. Si no, en la misma línea de la desubicada propuesta de Gómez, estaremos poniendo la carreta delante de los bueyes: un secretario de Agricultura podría sugerir a los autores del diccionario que eliminen de su texto las entradas que corresponden a las plagas agrícolas para mejorar así la productividad del sector rural. La concepción de autoridad de este burócrata, que osa dictar a los especialistas normas sobre un tema que ignora, es la misma con la que Stalin mandaba retirar la imagen de sus enemigos de las fotografías oficiales o la de la Academia Nacional de Historia de España, que se niega hasta hoy a utilizar en sus obras la palabra 'dictadura' para calificar el sangriento régimen de Francisco Franco.Ver también Clarín