Lunes, 18 de diciembre de 2017

Revelan el origen genético "casi mítico" de los antiguos griegos

04/08/2017

 

BBC Mundo

 

El templo de Cnossos, la ciudad más importante de Creta

 

 

Héroes legendarios de la mitología griega, como Ulises y Agamenón, han sido celebrados en todo el mundo por lectores de la Ilíada y la Odisea, las famosas obras de Homero.

Agamenón, jefe de los aqueos durante la guerra de Troya, lideraba el mítico reino de Micenas.

Pero más allá de la Micenas ficticia, los historiadores han debatido durante mucho tiempo si los griegos actuales descienden, al menos en parte, de la civilización micénica real, que existió en tiempos prehelénicos, al final de la Edad de Bronce, y tenía su centro en la localidad de Micenas, en la península griega del Peloponeso.

La civilización micénica fue dominante entre los años 1600 y 1200 antes de Cristo, pero no estaba claro si simplemente se extinguió al final de este período sin dejar rastro.

Otro de los grandes interrogantes era si los micénicos estaban relacionados genéticamente con la cultura que les precedió, la minoica, que existió en la isla de Creta entre el 2600 y el 1400 antes de Cristo.

Estudios de ADN revelaron ahora que:

- Los griegos actuales son efectivamente descendientes de los micénicos.

-Los micénicos estaban emparentados estrechamente con los minoicos, aunque no eran idénticos.

-Ambas civilizaciones antiguas descienden en parte de agricultores que emigraron del suroeste de Anatolia, en lo que es actualmente territorio de Turquía.

Iosif Lazaridis, investigador de la Escuela de Medicina de la Universidad de Harvard, en Estados Unidos, es uno de los autores del nuevo estudio.

El hallazgo "es importante porque se trata de las primeras civilizaciones en Europa con escritura y un nivel de complejidad que no estaba presente en culturas anteriores", le ijo Lararidis a la BBC.

"Siempre había sido un gran interrogante. De dónde venían estas civilizaciones y cómo crearon esta cultura increíble".

Dientes fósiles

El material genético más antiguo es de dientes fósiles de 19 individuos. 10 de ellos eran de la cultura minoica en Creta, cuatro del sitio arqueológico de Micenas y cinco de culturas de la Edad de Bronce en Grecia y Turquía (5400 a 1340 antes de Cristo).

Los científicos identificaron 1,2 millones de letras de código genético de los fósiles más antiguos, y las compararon con fósiles de la misma época en otras partes del mundo y con el genoma de habitantes actuales de Grecia y otros países.

De esta forma fue posible determinar si había algún tipo de relación genética entre todos los individuos.

Parientes cercanos

La relación más cercana genéticamente fue entre los micénicos y los minoicos.

Tres cuartos del ADN de ambos proviene de agricultores que vivieron en la Grecia antigua y en el suroeste de Anatolia, en la actual Turquía.

La investigación pone fin a siglos de especulación sobre el origen de los micénicos y los minoicos, y comprueba que, al contrario de lo que muchos pensaban, no tenían raíces distintas.

Ambas culturas heredaron además ADN de habitantes del este del Cáucaso, cerca del territorio actual de Irán.

Los micénicos, pero no los minoicos, tenían también una diferencia importante: poseían entre un 4% y un 16% de ADN de ancestros que llegaron del norte, desde el este de Europa o Siberia.

Esto indica que se registraron olas migratorias desde las estepas de Eurasia hacia el territorio griego, a través del este de Europa y Armenia.

Pelo castaño y ojos café

No es de sorprender que los minoicos y los micénicos se veían similares. Ambos tenían los genes determinantes de ojos café y cabello castaño, y esto es evidente en las cerámicas y vasijas halladas en sitios arqueológicos.

Artistas de ambas culturas pintaron ilustraciones de hombres y mujeres de pelo y ojos oscuros, con rasgos extraordinariamente similares.

En cuanto a la continuidad genética entre los micénicos y los griegos actuales, "es algo particularmente sorprendente, teniendo en cuenta que el Egeo fue una encrucijada de civilizaciones durante miles de años", afirmó George Stamatoyannopoulos de la Universidad de Washington en Seattle, Estados Unidos, otro de los autores del estudio.

En la investigación participaron además expertos del Instituto Max Planck de Ciencia de la Historia Humana en Alemania y científicos en Grecia y Turquía.

El estudio fue publicado por la revista Nature.