15/02/2010

El lenguaje: una ventana al cerebro humano

J, Imaz, Noticias de Gipúzkoa

San Sebastián — El científico gallego Manuel Carreiras (Lugo, 1959) dirigirá el rumbo investigador del Basque Center on Cognition Brain and Language (BCBL), tras haber llegado a Euskadi de la mano del programa Ikerbasque. Se muestra ilusionado con los proyectos que ya han echado a andar, «en un ambiente de trabajo estimulante y enriquecedor».

¿Por qué es tan importante estudiar los entresijos que unen el cerebro y el lenguaje?
El lenguaje es una habilidad humana que utilizamos para comunicarnos, para transmitir afecto y cultura, entre otras cosas. Somos lo que somos gracias al lenguaje; nuestra dimensión cultural viene dada por él. Por ejemplo, interesa el análisis de cómo cambia un cerebro cuando aprende varios idiomas, incluso cuando una persona es bilingüe o monolingüe. El lenguaje es una ventana fantástica para entender cómo funciona el cerebro. Es un elemento fundamental de nuestra vida; fíjate lo que sucede cuando alguien tiene un stroke, tiene un daño cerebral y pierde el lenguaje.

¿Un cerebro de una persona multilingüe funciona de forma diferente al de otra que sea monolingüe?
No es que funcione de forma diferente. Nosotros tenemos una máquina que, por decirlo de alguna forma, es multifunción. Va formando o transformándose dependiendo de los input que se le dan. Cuando tiene que adaptarse a dos lenguas, se vale de recursos que probablemente no utilice en una cuestión monolingüe. La máquina es plástica y se adecua a diferentes input. Evidentemente, algo cambia. Hay investigaciones al respecto y también vamos a trabajar en esa línea. Queremos aprovecharnos del entorno en el que estamos, una población bilingüe, con dos lenguas muy distintas.

¿Las diferencias existentes entre los idiomas que uno domina tienen su reflejo en las personas?
Eso no se sabe. No creo que sea así. Hemos hecho estudios que comparan a gente bilingüe y monolingüe. Por ejemplo, hemos analizado cómo responde el cerebro cuando se sorprende ante algo: es diferente la sorpresa ante violaciones de reglas de la lengua nativa y las que se producen en un idioma que se ha aprendido de mayor. Esto significa que el cerebro, probablemente, trata esas señales de forma distinta cuando provienen de una lengua que has aprendido o que tienes desde pequeño. Hacemos cosas con gente bilingüe desde chiquitín y, en principio, no hemos notado diferencias respecto a los monolingües. Es como si tuvieran dos lenguas monolingües.

¿Cómo se analiza la reacción y la actividad de un cerebro ante los estímulos verbales?
Hay muchas técnicas y aquí, por suerte, vamos a disponer del 90% de ellas. La más llamativa puede ser la resonancia magnética funcional. Una persona entra en la resonancia -parecida a la que utilizan en el hospital para analizar la rodilla- y le ofrecemos estímulos distintos. Con ello analizamos diferencias de activación entre zonas. Es como si las áreas que trabajan más ante un estímulo demandasen más oxígeno y tenemos una forma de ver la carga de oxígeno de cada zona. Eso nos señala las diferencias de activación.

¿Resta un universo por estudiar?
Absolutamente. Son muchos más los secretos que hay que los que se han descubierto.

¿Qué áreas se han desarrollado más?
Hay muchos ámbitos dentro de la neurociencia cognitiva, pero ciñéndonos a la cuestión del lenguaje, por ejemplo, se ha investigado con bebés. El BCBL también va tener un laboratorio para bebés. Se sientan ante una pantalla y nosotros vemos cuánto tiempo tardan en desviar la mirada a un estímulo que está en una lengua o en otra. Hay muchas técnicas. Se ha trabajado mucho con personas adultas, pero también hay líneas de trabajo con enfermos, bebés, etc.

Otro de los aspectos que investigarán será la relación entre enfermedades neurodegenerativas y el lenguaje. ¿Analizando cómo habla una persona podríamos saber qué enfermedades va a desarrollar?
Junto con el Hospital Donostia, estudiaremos a una población con demencias, en colaboración con Ingema y Matía. Nos gustaría encontrar algún tipo de marcador del lenguaje que sea suficientemente fiable como para poder prever que esa enfermedad va a desarrollarse en el futuro, para luchar contra estas demencias. No es que podamos saber si va a tener o no alguna enfermedad, hacemos investigación básica, tratamos de desentrañar secretos que guarda la naturaleza y, cuando conseguimos descifrar alguno, hasta que alguien toma esa carrera y se traduce en algo palpable, se tardan años.

Ahí reside el valor de la investigación básica...
Si no lo hacemos, lo otro tampoco ocurrirá. Intentamos hallar marcadores genéticos de la dislexia y de la hiperactividad. Son gente que sufre. No les daremos una solución, pero si, a través de la investigación, conseguimos contribuir a la mejora de su calidad de vida, quizá dentro de unos años se podrá implantar otro tratamiento.

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