Viernes, 19 de octubre de 2018

eco

Una historia de amores no correspondidos nos lleva al origen de esta antiquísima palabra, que llegó al castellano intacta tras cruzar continentes y civilizaciones durante casi treinta siglos, desde la Grecia antigua hasta nuestros días (v. pánico*, narcisismo*). Eco era la ninfa de los bosques y de las fuentes, amada por el lascivo Pan, el dios de los pastores y de los rebaños. La ninfa no correspondía a la pasión del dios flautista, pues estaba enamorada --también en vano-- del bello Narciso, quien sólo se amaba a sí mismo. Un día, finalmente, se encontraron, y Narciso la miró con tanto desprecio que la ninfa dejó de alimentarse y murió. Eco se convirtió en una roca fría y dura, y desde el fondo de un valle repite hasta hoy las últimas palabras de cada frase que allí se dice. Eco llegó al castellano proveniente del latín echo, y éste, del griego eko ‘sonido’. El primer documento de nuestra lengua en que aparece es el Vocabulario de las dos lenguas toscana y castellana, de Cristóbal de las Casas, datado en 1570.


Estos textos ha sido extraídos de los libros de Ricardo Soca La fascinante historia de las palabras y Nuevas fascinantes historias de las palabras.

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