Jueves, 19 de octubre de 2017

química

La ciencia que estudia las sustancias puede ser abstrusa o hasta inaccesible para muchos, pero no oculta más misterios que los debidos a nuestra ignorancia; nada que no se resuelva con algunos libros y tal vez un poco de laboratorio. Sin embargo, en sus orígenes, cuando todavía se llamaba ‘alquimia’, era una actividad mágica y misteriosa, propia de iniciados, cuyas raíces se remontaban a los estudios de Platón, retomados por los árabes hacia el siglo VIII de nuestra era. Mientras Europa permanecía sumida en la noche medieval, los árabes experimentaban el tratamiento de los metales en busca de la piedra filosofal, que les daría la clave del arte de combinar y descomponer substancias para elaborar oro. El primer alquimista europeo fue el inglés Roger Bacon (1220-1292), que fue perseguido por la Iglesia católica y tuvo que exiliarse en París. Para su suerte, su protector y amigo, el cardenal Guy le Gros Foulques, llegó en 1265 al trono de Roma con el nombre de Clemente IV y le pidió un informe sobre sus experiencias en una carta secreta. El filósofo inglés dedicó dos años al informe, del que resultó su llamado Opus Majus (Obra mayor). Tanto él como Paracelso (1490-1541), los mayores alquimistas del Renacimiento, son considerados hoy como los precursores de la ciencia experimental. Alquimia y química se derivan de la voz árabe kimiyá, que significa ‘piedra filosofal’. Se ha sugerido que kimiyá, a su vez, proviene de kimi, que significa ‘negro’, palabra árabe con la que se designaba a Egipto, para señalar su aura de disciplina oculta o misteriosa.


Estos textos ha sido extraídos de los libros de Ricardo Soca La fascinante historia de las palabras y Nuevas fascinantes historias de las palabras.

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