
Jeringas hipodérmicas
jeringa
Émbolo insertado en un tubo que tiene una pequeña apertura en uno de sus extremos por donde se expulsa su contenido. En la primera mitad del siglo XIX se hicieron los primeros experimentos con la inyección de sustancias debajo de la piel mediante una jeringa hipodérmica, a fin de aliviar el dolor de los enfermos, inicialmente con morfina.
Del español antiguo siringa, este tomado del latín syringa, que a su vez procedía del griego ύγριγξ (syrigx) ‘caña, flauta, tubo delgado’. Nebrija (1495), ya mencionaba una “siringa de cirugiano”, probablemente destinada a la extracción de sangre, mientras que en el primer diccionario de la Academia (1739) aparece la forma xeringa, que se corresponde con idéntica voz catalana, con el italiano siringa y con el portugués seringa, entre otras lenguas romances.
La palabra portuguesa fue adoptada por el castellano para designar los árboles que producen caucho, llamados siringa y a los trabajadores que se dedicaban a su extracción, siringueros, una actividad que quedó obsoleta con el desarrollo de la industria química.
En la citada edición de 1739, la academia definía así xeringa:
Instrumento compuesto de un cilindro hueco, o cañón gruesso de metal, en que está unido otro cañoncido mui delgado, por el qual se atrahe, y arroja el liquór, al modo de la bomba, ù otras máchinas hydráulicas, con la fuerza, y artificio del embolo, dirigiendole à la parte que se quiere, para los efectos, que se intentan; a proporción de los quales es tambien el tamaño de dicho instrumento. Dijo del Griego Siringa, que significa caña, ò cañón, por lo cual debe escribirse con x.
En el español del Uruguay, jeringa refiere, además, a una ‘persona minuciosa, perfecccionista’; en el de Argentina, ‘molesta o inoportuna’. El DLE marca esta última denotación como propia de Uruguay y Bolivia.
Hipodérmico, por supuesto, va por cuenta de ὔπo (hypo) ‘debajo’ y δέρμα (derma) ‘piel’.