
Los castigos físicos pueden causar daños irreparables a los niños
vapulear
Azotar a alguien, golpearlo repetidamente. Por extensión, se usa también para referirse a un castigo propinado verbalmente a alguien en un discurso, en un debate o en una crítica o, incluso, ser claramente derrotado en un deporte. Veamos este fragmento de Luis Ricardo Alonso en su novela El Supremísimo (1981, CREA):
A pesar de los vapuleos verbales a que lo sometía no más que para hacer sentir el peso de la autoridad, apreciaba al doctor Huaco, de todo corazón.
También se empleó en la prensa española para referirse a una derrota del club Barcelona ante Brasil:
El conjunto catalán, que salió vapuleado el año pasado en el mismo escenario por Brasil (2-5), espera plantar cara y sacar un resultado que le devuelva la confianza.
El vocablo llegó a nuestra lengua procedente del latín vapulāre ‘ser azotado o golpeado’. Inicialmente se usó bajo la forma vapular que, aunque ya no usa, continúa registrada en el diccionario académico sin marca diacrónica, pero adoptó su forma actual por influencia del verbo apalear.