Domingo, 22 de octubre de 2017

Gambetas que encandilan las pupilas

LAS MEMORIAS DE MARADONA Y DI STÉFANO

Jesús Castañón Rodríguez

El último año del siglo XX ha sorprendido al mundo editorial iberoamericano con un éxito sin precedentes de los libros de memorias de Alfredo di Stéfano y Diego Armando Maradona. De junio a principios de noviembre Gracias, vieja ha ocupado todas las semanas un puesto entre las 10 obras que encabezaban la lista de ventas en España y, desde primeros de octubre hasta la actualidad, le ha relevado en las listas de Argentina y de España Yo soy el Diego de la gente.

La primera lleva más de 30.000 ejemplares vendidos y 5 ediciones. Es una de las obras triunfadoras de la Feria del Libro de Madrid, con una especial acogida en España entre aficionados mayores de 60 años y jóvenes de 15 a 20, y unas enormes filas en la cola de espera para conseguir ejemplares dedicados por el autor.

La segunda ha logrado agotar los 130.000 ejemplares de la primera edición en una semana, ya lleva 7 ediciones, 275.000 ejemplares vendidos entre todo tipo de público, una traducción a 28 países y un mayor número de ventas en Argentina. Según la leyenda, su autor ha percibido la cantidad más alta jamás pagada como adelanto de los derechos de autor: un millón de dólares.

Estas memorias sobre sus trayectorias vitales y las huellas que en ellos han dejado, se han convertido en todo un fenómeno sociológico que traspasa la creciente demanda social del deporte, la avidez del aficionado por saber de equipos y jugadores que quizá nunca conozca directamente o el ansia por saber de las hazañas y miserias de la vida privada de estos héroes contemporáneos.

Gracias, vieja fue redactado en Madrid (España) y se presentó en el mes de mayo. Consta de 7 partes: infancia en La Boca, primeros pasos en el fútbol profesional, llegada a España, el Real Madrid, el fútbol desde la barrera, epílogo y apéndices. Yo soy el Diego de la gente fue redactado entre La Habana (Cuba) y Buenos Aires (Argentina) celebrándose su presentación en la ciudad porteña el 29 de septiembre de 2000. Consta de 15 partes: el origen, la explosión, la pasión, la frustración, la resurrección, la gloria, los amigos y enemigos, la lucha, la venganza, el dolor, los regresos, la despedida, una mirada sobre afectos y mensaje final acompañado por su historial deportivo.

Una lectura cómplice para armonizar contrarios

Están escritas en un tono periodístico que juega al ataque desde la sencillez y el talento para destacar la superación de un largo e incierto camino vital en el que sortear graves dificultades gracias al balón. Conforman el relato de historias de emociones, de sentimientos y de una incansable lucha por la vida tras la que sólo quedan los afectos fundamentales. Resaltan cualidades parecidas: sobriedad de recursos, agilidad de inteligencia, estilo personal elegante, facilidad para salir de apuros, capacidad de improvisación para gambetear al destino… Ejemplifican un estado de rebeldía contra el destino de tener que esperar a que te cedan el paso, su odio a las personas que perjudican a la gente y una manera de transformar creativamente la bronca en un combustible que da fuerzas para superar las adversidades. También tienen una especial sensibilidad por los ojos tristes de los niños de los compañeros muertos, de los niños pobres o por el brillo especial de la admiración sin límites que, por ejemplo, llevaban a Maradona a jugar con ellos en el salón de su casa tras las peregrinaciones populares que se hacían hasta su domicilio tras la victoria en la Copa del Mundo de México en 1986.

El mejor jugador del siglo XX, Maradona, y el presidente de honor del mejor club del siglo XX, Di Stéfano, comparten un odio por aquellos intelectuales que se meten un libro debajo del brazo para hacer quedar a los futbolistas como unos ignorantes. Pero más allá de la paradoja de su escasa afición a leer libros y haber logrado un éxito editorial, la lectura cómplice del contenido de sus memorias permite descubrir una nueva dimensión cuyo contenido se puede organizar en cinco bloques temáticos: la paz de la pelota, la trayectoria como jugadores, la carrera de entrenadores, la faceta como periodistas y el lado humano del mito.

LA PAZ DE LA PELOTA

La dulce música del picar de la pelota

En la vida de estos dos astros, el balón no era una simple pelota. Ha sido un ámbito para la fantasía contra una realidad hostil. Constituye un elemento generador de paz interior y sus evoluciones por los descampados y los arrabales transformaba esos espacios en zonas de libertad, en sitios para improvisar y crear sin normas ni reglas impuestas. En palabras de Maradona, para desafiar al sol.

La pelota se convierte en el punto de las ilusiones infantiles. Diego durmió tiernamente abrazado a su primera pelota de verdad, que le regaló su primo Beto Zárate, Alfredo jugaba con una pelota de goma y sus mayores disgustos fueron cuando unos Reyes Magos, a los que pide unas botas y una pelota de fútbol, le dejaron una pelota de goma y unas zapatillas así como su primer balón que le toca en una rifa en un cine.

Tan mágica era la nueva dimensión del picar de la pelota, tan emotiva esta nueva campana de emociones que el niño Diego convertía en pelota trapos, naranjas o gurruños de papel camino del colegio o de los recados y el niño Alfredo empleaba una lata de conservas que abollaba hasta redondearla.

Con el tiempo, aunque no lo recogen libros de memorias, en la concentración de Argentina en Trigoria, durante la Copa del Mundo de 1990, se encontraron Maradona y el escritor Osvaldo Soriano. La fascinación que sintió el escritor ante habilidad del futbolista golpeando una naranja con todo su cuerpo sirvió para la creación del cuento "El hijo de Butch Cassidy".

El talento redentor

Desde ese instante, el fútbol se presenta como un elemento para igualar a distintos orígenes y para forjar un carácter endurecido basado en aprender a luchar desde abajo, a levantar las cosas contra todo y contra todos y en una peculiar forma de sentir invariable al paso del tiempo y a la mejora del nivel de vida.

En el caso de Maradona el talento infantil con la pelota sirvió para abandonar Villa Fiorito, la casa de origen humilde para un emigrante del interior hacia la ciudad, para llevar a toda la familia a conocer el mar, para buscar un trabajo mejor al padre que tanto había luchado en la vida, para proteger a familiares, amigos y empleados necesitados de amparo. Era la lucha contra la realidad hostil de la pobreza.

En el caso de Di Stéfano, el talento se instaló en una familia de Barracas procedente de la inmigración europea: italianos por parte de padre y franceses e irlandeses por el lado materno. Son momentos para el recuerdo de las escapadas a la casa de los abuelos para dormir la siesta, del nombre de Stopita que le pone el abuelo Miguel por el parecido de su cabello rubio con la estopa de limpiar los barcos, de la lesión del padre futbolista en River Plate, del abandono de los estudios a los 15 años para ponerse a trabajar. Era también la lucha contra la realidad hostil de la extorsión de la mafia americana con la banda del Chico Grande.

El fútbol era el método para hacer nuevos amigos en el barrio, con los que van a probar a varios equipos tras un viaje en autobús o en tranvía con las botas envueltas con un papel del diario. En ambas vidas la pelota significaba paz, diversión y una fuente de placer hasta transformarse en una forma de vida, una vía para ayudar a la familia, una convivencia con gente extraordinaria y una manera de conocer a gente que nunca se soñó. Hasta tal punto, que Di Stéfano le hizo una escultura en su casa figurando en su pedestal la leyenda ¡Gracias, vieja!

TRAYECTORIA PROFESIONAL COMO JUGADOR

La parte central de las dos memorias reside en el análisis de la vida deportiva con sensibilidad de tango. Entre el cariño y la ironía recuerdan con nostalgia su respuesta a la supervivencia, su ascenso en la consideración ajena, la obtención de fama y fortuna. Su trayectoria como jugadores es abordada en orden cronológico: los inicios en el barrio, la vida profesional, las dificultades sufridas y una explicación de sus claves de juego.

Los inicios futbolísticos

La historia como jugador de Diego empieza en Cebollitas. Juega como defensa y disputa muchos encuentros con una pelota rota. La historia de Alfredo parte de Unidos y venceremos. Especialmente emotivos son los recuerdos nostálgicos de la primera prueba en otro club junto a otros muchachos del barrio, la transformación de la calle en cancha, de los árboles y paredes en porterías, las miradas brillantes de los niños al ver los partidos de primera división, el gusto por los relatos radiofónicos de Lalo Pelliciari, el aprendizaje del fútbol en Siete Canchitas o en la fábrica familiar gracias al adiestramiento del botones hincha de Boca Juniors…

Las nieves del tiempo en los clubes y los seleccionados

Esta campana de emociones se dispara con el recuerdo de la primera actuación en primera división y en la Selección, con su apasionado relato de ir corriendo a contarlo a los padres como si se hiciera realidad la letra del tango El sueño del pibe…

Diego Armando Maradona rememora el salto al profesionalismo en apenas dos años y medio. Un paso meteórico que empieza en Argentinos Juniors para continuar en Boca Juniors tras una decisión sentimental en la que influyeron el sueño del padre de ver a Diego jugando en dicha entidad y el recuerdo de la tribuna que gritaba "que se quede" cuando en su infancia disputaba encuentros para amenizar los descansos.

Después realizó su periplo europeo en España e Italia. Del F.C. Barcelona recuerda sus desencuentros con el presidente y directivos, la frustración de no adaptarse al paso de la técnica a la furia y la constante carrera, la dureza de los marcajes y una etapa marcada por los problemas de salud con la hepatitis, por los primeros contactos con la droga, por las deudas económicas y por una salida forzada de la entidad blaugrana. Una segunda escala fue el Nápoles, donde estuvo a gusto porque el público le aplaudía los detalles técnicos y se sentía ídolo de los niños pobres, símbolo de la lucha del norte contra el sur de Italia, así como un sentimiento de orgullo por el que siempre gana el que más lucha y no tiene miedo. La falta de reconocimiento de aquel éxito, proporcionada a los entrenadores y no al jugador, le llevan a tomarse unas largas vacaciones sin consentimiento que tendrán como consecuencia las acusaciones de estar supuestamente relacionado con la droga y la camorra, sufrir una serie de situaciones de riesgo nunca aclaradas y acabar con una salida en falso de la entidad napolitana.

La fase final de su carrera fue el paso por Sevilla y Newell's Old Boys hasta llegar a la despedida con la camiseta de Boca Juniors la entidad admirada desde niño, el club donde los aficionados temblaban y lloraban emocionados al reconocer al ídolo que les hace la vida más feliz y llevadera, el sitio que permitió dar el primer gran salto en popularidad y estilo de vida, el recuerdo inolvidable de la primera tribuna que coreó su nombre: "Maradó"…

Pero es la vida futbolística en la Selección albiceleste la que constituye una auténtica recopilación de semblanzas del alma, llena de descripciones y precisas impresiones: el dolor ante la ausencia en la lista de convocados para la Copa del Mundo de 1978, el desgaste físico y la frustración en 1982, la gloria de 1986, la decepción de 1990 y el sueño robado de la Copa del Mundo de 1994. Todo un recorrido por el dolor y la euforia, que termina con la acusación de dopaje en Estados Unidos, el llanto inconsolable abrazado a su esposa y un estallido de rabia.

La selección se presenta como un sentimiento que está por encima de todo y que requiere un solidaridad inquebrantable, como una fuente de sentimientos intensos. La gloria llegaría en México y evoca todo el proceso desde que Bilardo lo va a buscar y hace realidad su sueño de ser capitán de la Selección hasta que se siente presidente en el balcón de la Casa Rosada al ofrecer al pueblo argentino el triunfo del campeonato mundial. Y amplía su relato para diseccionar los sentimientos de revancha en el partido contra Inglaterra para recuperar algo de la guerra de las Malvinas y defender la memoria de los muertos, así como para narrar el gol soñado explicando su antecedente en un tanto fallado el 13 de mayo de 1981 en un partido en Wembley. El dolor llegaría con el pase de gol a Caniggia que supuso la eliminación de Italia de la Copa del Mundo de 1990, lo que frustró oportunidades a una serie de negocios y fortunas que encontraron su venganza en sus problemas con el consumo de estupefacientes.

Alfredo Di Stéfano debutó como extremo derecho frente a Huracán. Y así da paso a una larga lista de recuerdos en Argentina: los primeros partidos con River Plate; el fichaje por Huracán, que consigue su presidente pistola en mano; la salvación en la mili o colimba (corre, limpia, barre) gracias al equipo de fútbol de un sargento de Santiago del Estero; la primera actuación con la selección albiceleste frente a Paraguay; los seis minutos en que sustituye en la meta al portero Amadeo Carrizo en el clásico Boca-River de 1949; las constantes giras por Europa y América.

Posteriormente surge el traspaso, junto a Pipo Rossi, al Millonarios de Bogotá en un ambiente marcado por fuertes ataques, injurias y amenazas de sus antiguos equipos y de la prensa argentina. Relata la difícil situación vivida con el interés de F.C. Barcelona y Real Madrid por hacerse con sus servicios y una larga y compleja negociación por sus derechos en los que participaban Millonarios y River Plate.

En su etapa española hace referencia a su paso por Real Madrid, Español y la Selección española. Del primero destaca cómo le hacían tirar los penaltis en contra de su voluntad, los grandes momentos de la década de los 50, la fuerte personalidad de Santiago Bernabéu, los recuerdos felices y amargos de diversos partidos de Copa de Europa, las fatales consecuencias de la final de Copa de Europa en Viena frente al Inter de Milán y su salida en falso, por haber mantenido una discusión táctica con el entrenador Miguel Muñoz, tras ganar 8 Ligas, 5 Copas de Europa, 1 Copa de España y 1 Copa Intercontinental. Del Español comenta la sensación extraña de enfrentarse a los antiguos compañeros blancos y cómo con ellos jugó su último encuentro ante el al Saint Étienne en 1966. Y de la Selección española rememora su primera actuación el 30 de enero de 1957 frente a Holanda junto a diversos momentos de campeonatos.

En ambos casos se destaca en el paso por el fútbol español la mayor valoración que se daba al esfuerzo físico y al tesón sobre la técnica, se hace especial hincapié en que los grandes éxitos en Copa de Europa y Copa del Mundo llegaron cuando se mezcló la velocidad europea con la técnica sudamericana, la dinámica europea con el chamuyo criollo. Y en esta visión retrospectiva se presta especial atención al mejor gol y a las lesiones. Sobre el primer aspecto, Maradona tiene la secuencia del segundo gol contra Inglaterra en la Copa del Mundo de 1986 encima de la cama con un rótulo, mientras que Di Stéfano no pudo ver ni conservar ninguna foto de un remate acrobático hecho de tacón frente a Bélgica. En el apartado de lesiones, Diego resalta la fractura de tobillo en Bilbao, las constantes infiltraciones y el sometimiento a planes físicos especiales para afrontar los grandes acontecimientos; mientras que Alfredo evoca una infección interna de rodilla y problemas estomacales tras una urticaria por comer una lata de conserva en mal estado.

Los requiebros del destino

Pero en este redescubrimiento del pasado no falta la invisible fuerza opresora del destino con unas dificultades deportivas y requiebros sociales dispuestos a frenar sus excesos de talento. Los protagonistas recorren tránsitos hacia lo inevitable, luchan épicamente con todas sus fuerzas en vano y muestran su queja amarga ante la indiferencia de aquellos a quienes deberían importar las paradojas del deporte y las tragedias vitales de una amenazadora muerte por culpa de los estupefacientes y la violencia.

Las dificultades deportivas se dilucidan con los compañeros de equipo como Passarella en la Selección de Argentina y el brasileño Didí en el Real Madrid; con los árbitros que no calibran bien las protestas encendidas de los jugadores; con los periodistas que emplean declaraciones de impacto o hacen interpretaciones personales sobre lo que no se ha dicho; con representantes que realizan ruinosas inversiones económicas… Pero en ambos casos destacan las paradojas de la hiel de la victoria y la indefensión de las aparentemente poderosas estrellas del fútbol. Diego y Alfredo se quejan con amargura de los descartes sufridos para disputar fases finales de la Copa del Mundo, la triste victoria ante Italia en 1990 o las ingratas salidas de los equipos tras haberlo dado todo y llegar a lo más alto con ellos. También exaltan su lucha por la defensa, organizada en sindicatos, de los intereses de los futbolistas con una total comprensión hacia las miserias vividas por los jugadores más sencillos -retrasos en el cobro de sueldos, corrupción…- y con la solicitud de mejoras para los jugadores de alta competición. Los dos recuerdan las huellas de las huelgas protagonizadas en 1948 en la Argentina y las reivindicaciones planteadas a la FIFA en 1986 para atajar el excesivo juego duro y buscar unos horarios de partidos que no se hicieran en función de los intereses de las transmisiones de televisión.

Las dificultades sociales vienen impuestas por la vida en un torbellino de pasiones irracionales. Unas veces procedentes de grupos de aficionados que asaltan la concentración de Boca Juniors para amenazar a los jugadores, pistola en mano, si no se esforzaban para ganar el campeonato. En otras ocasiones, por las supuestas relaciones con los atrapantes mundos de la camorra y de la fama, que llevaron a Maradona a conocer, en palabras del cantante Rodrigo, "una blanca mujer de misterioso sabor y de prohibido placer". Y también, como en el caso de Di Stéfano, por el deseo de un grupo de utilizar la imagen de los deportistas para hacer propaganda de su ideario político. Toda una terrorífica experiencia cuya información, además de la que aparece en las memorias, produjo el poema "Romance del rapto blanco" de José María Pemán (director de la Real Academia Española) y curiosidades como la solicitud de la Saeta Rubia a sus captores del Frente de Liberación Nacional de Venezuela de que le protegieran las piernas en caso de tiroteo con la policía.

Claves de juego

Uno de los aspectos más interesantes de los libros de memorias son cómo desgranan sus propias claves del juego en un estilo de pinceladas breves y arranques de sinceridad. Se llega a la conclusión de que el fútbol es contagio, participación sin exclusiones, sentido de la solidaridad para sobrevivir, pasión por la lucha, improvisación, afán por superar todas las adversidades…

La genialidad de Maradona reside en su movilidad en los tobillos, al girarlos más de lo normal, en la elaboración de planes físicos especiales para recuperarse, en la libertad de movimientos por la cancha para crear, en el gusto por jugar en el frente de ataque organizando el juego y pasando balones. Los secretos de Di Stéfano pasan por tener moral alta y luchar sin miedo, por el entendimiento cerebral de los individuos conseguido a base de charlar y convivir, por entender el carácter imprevisible del juego, por aceptar que la sencillez es lo más eficaz y se acaba imponiendo, por no tener el protagonismo de la capitanía del equipo…

TRAYECTORIA COMO ENTRENADOR

Un tercer ámbito común es el paso por los banquillos como directores técnicos. Diego desarrolla una experiencia de meses al frente de Mandiyú de Corrientes y Rácing de Avellaneda. Alfredo cuenta con una carrera más dilatada, al frente de Elche, Boca Juniors, Valencia, Rayo Vallecano, Castellón, River Plate y Real Madrid.

En cualquier caso, explican que la mentalidad del entrenador obliga a pensar en función de los demás, a saber que las alegrías y los logros son de otros, a preocuparse por dejar contentos a los que no juegan y a atender a la cantera. Sufren como problemas comunes la lucha imposible contra las injerencias de los directivos y de las corruptelas que rodean el fútbol, así como la hiel de recibir el despido tras conseguir títulos y triunfos importantes. Este sinsabor, sólo compensado por el cariño y la devoción indescriptible de las hinchadas, crea un excesivo vaivén de inestabilidades que les lleva a abandonar el fútbol para no hacer sufrir a sus familias.

TRAYECTORIA COMO PERIODISTA

Mucho más corta es la vida en su vertiente de periodistas. Maradona llega a disfrutar de protagonismo en la televisión italiana en sus años dorados del Nápoles, pero es Alfredo Di Stéfano el más asiduo. Su trayectoria empieza en la Agencia Efe para cubrir la Copa del Mundo de 1966, con el sobrenombre de El Topo, y llega hasta la actualidad con colaboraciones en diversas radios y con comentarios técnicos en un programa de fútbol para el canal internacional de Antena 3 Televisión.

EL LADO HUMANO DEL HÉROE

En este repaso por el camino que los sueños prometieron a sus ansias se destaca el enfoque humano del mito que conoce gente extraordinaria, cuida de la propia imagen con opiniones ajenas y resalta sus aficiones culturales.

Una cita con la historia

La trascendencia de los futbolistas les lleva a conocer gente inimaginable y relatan las impresiones de sus encuentros con papas, reyes, presidentes de países y alcaldes. Es el caso de la emoción ante Pío XII o la decepción con Juan Pablo II, la simpatía del Rey Juan Carlos I, la admiración por la política de ayuda a la clase trabajadora de Perón, la alegría del nombramiento como embajador deportivo itinerante de Argentina efectuada por Menem, el trato afable de Fidel Castro -que de joven fue extremo derecho- y el nombramiento como Ciudadano Ilustre de Buenos Aires a cargo de Julio Saguier. A ello se unirá el enamoramiento por otros personajes: Ché Guevara para Maradona y Martín Fierro para Di Stéfano, quien aplica a su vida de futbolista enseñanzas como la amistad del amigo fiel basada en una conducta honrada, las ganas de superar la adversidad y el principio de no estorbar ni tener envidia cuando se vea a otro ganar.

Pero la cita con la historia no es sólo con la política sino también con la historia social que lleva a la amistad y el reconocimiento de cantantes como Ricky Martin, de profesionales de la hostelería como Chicote y, por supuesto, de otros deportistas como los púgiles Ray Sugar Leonard o Carlos Monzón y el piloto automovilístico Ayrton Senna.

Las opiniones del deporte vivido

Los afectos deportivos son organizados en bloques de amigos y enemigos. Maradona divide a sus compañeros en grandes amistades como Valdano o Di Stéfano, en gente merecedora de elogios y críticas como Bilardo y Menotti y en rivales como Ramón Díaz, Ruggeri, Passarella, el presidente de la FIFA Joâo Havelange y Brasil. Por su parte, Di Stéfano hace predominar las palabras amables y los buenos recuerdos sobre Marsal, Héctor Rial, Puskas o Kubala. Y, siempre, estos comentarios van envueltos en otros juicios y opiniones sobre diferentes jugadores, que en el caso de Yo soy el Diego de la gente llega a contar con un capítulo específico donde se repasa un centenar de futbolistas de todos los tiempos desde Pelé a Beckham.

Esta visión personal se complementa con apéndices que reseñan los principales títulos, premios y logros, con cronologías de la época, con una selección de los mejores artículos de prensa sobre su juego o poemas. Y en esta historia de los dos mejores futbolistas argentinos de todos los tiempos merece especial mención el honor de Maestro Inspirador de Quienes Todavía Sueñan, concedido a Maradona por la Universidad de Oxford a propuesta del estudiante argentino Esteban Cichello Hübner.

Cine y música

En Yo soy el Diego de la gente y ¡Gracias, vieja! llama la atención el afán por el cine y la música. Los protagonistas deportivos saltan a la cancha de la gran pantalla con una cierta sensación del cine como mentira, tras las tres películas rodadas por Di Stéfano en Buenos Aires -Con los mismos colores- y en España -La Saeta Rubia y La batalla del domingo- y el proyecto de El día que Maradona conoció a Gardel, donde El Pelusa interpretaría "El día que me quieras" con El Zorzal gracias a una reconstrucción de imágenes por ordenador.

En su dimensión social, los mitos hablan más de sus aficiones musicales. Maradona admira el tango y el rock con una lista formada por artistas que hablan de la realidad sin maquillarla: Julio Sosa, Fito Páez, Andrés Calamaro, Cahrly García, Los Piojos, Attaque 77 y Los Redonditos de Ricota. Di Stéfano muestra sus preferencias por las orquestas de Alfredo De Angelli, Horadio Salgaru, D'Arienzo, Di Biaggi, por los cantantes Ángel Vargas, Alberto del Castillo, Podestá y Marino así como destaca su amistad con Lola Flores.

Y además relatan cómo sus jugadas han servido de inspiración para composiciones de los argentinos Andrés Calamaro y Los Piojos, del grupo francés Mano Negra y del cantante uruguayo Julio Lacarra. Maradona declara que su favorita es la compuesta por Rodrigo, titulada "Diego", que le presenta como un ser especial, elegido de Dios y con carisma para emocionar a su pueblo.

Pero sin duda, la sensibilidad de los dos mitos se centra en el tango y en una exposición de los hechos a partir de las letras de estas canciones, ya que fútbol y tango son gambetas al destino que encandilan las pupilas, constituyen filigranas que se hacen con las piernas para desconcertar al enemigo ocasional.

Diego se declara enamorado de escuchar y cantar este tipo de música. Recuerda el recibimiento en Nápoles a los sones de "El Choclo", la composición de Enrique Santos Discépolo y Juan Carlos Marambio Catán: "Con este tango que es burlón y compadrito,/se ató dos alas la emoción de mi suburbio./Con este tango nació el tango y como un grito/salió del sórdido barrial buscando el cielo./Conjuro extraño de un amor hecho cadencia/que abrió caminos sin más ley que su esperanza,/mezcla de rabia, de dolor, de fe, de ausencia,/llorando en la inocencia de un ritmo juguetón. (…) Al evocarte…/tango querido…/siento que tiemblan las baldosas de un bailongo/cuando tu canto nace al son de un bandoneón". Todo una emoción embotellada que le llevó al llanto, al temblor de piernas y al abrazo fuerte a su esposa Claudia. Y también evoca su interpretación de "El sueño del pibe" en el espectáculo La verdad de la milanesa de Antonio Gasalla. Este tango de Reinaldo Yiso fue cantado por primera vez por la orquesta de Osvaldo Pugliese con la voz de Roberto Chanel y cuenta con referencias a Emilio Baldonedo (jugador de Huracán), Rinaldo Martino (entrenador de San Lorenzo y de la Selección albiceleste), Mario Boyé (extremo de Boca Juniors) y Bernabé Ferreyra (delantero de River Plate): "Golpearon la puerta en la humilde casa,/la voz del cartero muy clara se oyó,/y el pibe corriendo con todas sus ansias/al perrito blanco sin querer pisó./"Mamita, mamita" se acercó gritando;/la madre extrañada dejó el piletón/y el pibe le dijo riendo y llorando:/"El club me ha mandado hoy la citación"./Mamita querida,/ganaré dinero,/seré un Baldonedo/un Martino,/un Boyé./Dicen los muchachos/de Oeste Argentino/que tengo más tiro/que el gran Bernabé./Vas a ver qué lindo/cuando allá en la cancha/mis goles aplaudan;/seré un triunfador./Jugaré en la quinta,/después en primera,/yo sé que me espera/la consagración./Dormía el muchacho y tuvo esa noche/el sueño más lindo que pudo tener:/el estadio lleno, glorioso domingo/por fin en primera lo iban a ver./Faltando un minuto están cero a cero;/tomó la pelota sereno en su acción,/gambeteando a todos enfrentó al arquero/y con fuerte tiro quebró el marcador".

Quizá lo más insólito de esta afición es su sentimiento de mito, la conciencia de Diego de formar parte de la historia, con el proyecto del rodaje de una película en homenaje a El Zorzal, El día que Maradona conoció a Gardel, donde interpretarían a dúo "El día que me quieras", así como con la peculiar adaptación que le gusta realizar de "El sueño del pibe" sustituyendo a los futbolistas Baldonedo y Martino por los símbolos de los dos triunfos en la Copa del Mundo en 1978 y 1986: Mario Kempes y Diego Armando Maradona.

Por su parte, Di Stéfano se declara cada día más admirador de Carlos Gardel, pero en sus memorias sólo lo cita al recordar la figura de José Samitier, la persona que lo quiso traer a España y al que le gustaba narrar los lances de la vida con letras de tangos. Samitier fue amigo personal de Carlos Gardel, con quien fue a celebrar junto al poeta Rafael Alberti el triunfo en la final de Copa de 1928, partido que dio lugar a una de las composiciones literarias del fútbol más reconocidas: Oda a Platko. Di Stéfano recuerda cómo, poco antes de morir, Samitier le regaló varias fotos de Gardel con su madre y Ricardo Zamora en el estadio de Montjuïch. Pero su gran aportación es la narración de la primera derrota del Real Madrid en octavos de final de la Copa de Europa, frente al Barcelona, con la letra del tango "Bronca", y también de las complicadas negociaciones entre Barcelona y Real Madrid para hacerse con su fichaje. Samitier le llamaba Percanta, en alusión a la composición de Pascual Contursi, "Mi noche triste", que fue el primer tango grabado por el uruguayo Carlos Gardel: "Percanta que me amuraste/en lo mejor de mi vida/dejándome el alma herida/y espinas en el corazón,/sabiendo que te quería,/que vos eras mi alegría/y mi sueño abrasador;/para mí ya no hay consuelo/y por eso me encurdelo pa' olvidarme de tu amor".

ESTILO

Un comentario aparte merece la técnica de estos libros. Escritos por dos futbolistas, que odian a los intelectuales que dejan a los deportistas como ignorantes, tienen en común haber contado con la ayuda de periodistas para mejorar la expresión y poner orden en el recorrido por su vida. Son volúmenes de escritura en equipo en los que los periodistas realizan un trabajo previo, durante tres o cuatro meses, de grabaciones con el futbolista y a este proceso le sigue un orden de todo lo contado, un primer texto que se pasa al jugador para que retoque, amplíe, rehaga y añada cuantos momentos estelares de su vida estime oportuno.

Diego ha disfrutado de la asistencia de Ernesto Cherquis (Profesor Titular de la Universidad Católica Argentina con una trayectoria vinculada a Clarín, El Gráfico, Telefé y Radio Rivadavia) y Daniel Arcucci (periodista vinculado a Tiempo Argentino, El Gráfico y La Nación); mientras que Alfredo se ve apoyado por la labor de los periodistas Enrique Ortego (El Imparcial, Diario 16, Marca, Claro, ABC y Cadena SER) y Alfredo Relaño (Marca, El País, Cadena SER, Canal Plus, As).

A lo largo del relato aparecen varias curiosidades lingüísticas. En primer lugar, la explicación del origen de atorrante, relacionado con aquellos emigrantes que sin dinero, ni familia ni hogar pedían dinero y trabajo por la calle y vivían en los tubos de la marca A. Torrant destinados al colector de aguas de Buenos Aires. En segundo lugar, la denominación de Mangriñán, aplicada a la esposa celosa o severa, a partir del marcaje que hizo dicho jugador hasta anular a Alfredo Di Stéfano. Y en tercer lugar, la multa que recibió La Saeta Rubia por decirle a un árbitro qué cobraba en vez de qué pitaba, con una confusión de la palabra en su sentido de español de América y su interpretación como soborno en español peninsular.

Pero resultan especialmente enriquecedores la expresión de acciones mediante onomatopeyas y el uso de giros coloquiales. La lista completa de las primeras, con su posible significado, está compuesta por: je (para afirmar algo con orgullo), pic (amague, finta), pic, pac (pelotazos lanzados a la pared golpeando con ambas piernas), pim (empujón), pin (comodín para algo que sucede de repente), pin, pan (toque de balón), ¡psssssiiiii! (trayectoria de un balón en vuelo),¡pum! (hechos inesperados o lanzamientos de balón que acaban en gol), tac (desmarque rápido o pateo de balón), tac, tac, tac (golpeo de balón), track (fractura de tobillo) y ¡zum! (juego en tromba). Y entre las expresiones coloquiales destacan por su colorido y sentido del humor se le escapó la tortuga (enloqueció), a llorar a la iglesia, cabeza de termo (tonto) o El Barba (Dios) así como las insólitas comparaciones estar más solos que Adán el día de la Madre, ganar una plata que no le daban a Frank Sinatra ni cantando desnudo en la cancha de River.

EPÍLOGO

En resumen, Gracias, vieja y Yo soy el Diego de la gente reseñan las diferencias de estilo y de época entre los dos astros, la superioridad técnica de Maradona y la gran movilidad de Di Stéfano por toda la cancha.

Pero parten de la misma sensibilidad de fondo, dado que el niño Diego admiraba a Alfredo desde que hizo campeón a Boca Juniors en 1969 y guardaba un póster con su cara en su humilde habitación de Villa Fiorito. Tienen en común que basan su éxito en un encuentro con el pasado impregnado de sentimientos y de virtudes porteñas: amistad, trabajo, responsabilidad e instinto. En las dos obras, sus protagonistas vuelven, con la frente marchita, al parpadeo del Buenos Aires querido para redescubrir la realidad vivida: la casa de la infancia, el barrio, el desarraigo, la vivencia del pibe que ríe y llora porque ve cumplido un sueño, las ilusiones robadas, las adversidades perversas que intentaron hundir su vivir… En las dos memorias se traza un recorrido por el soplo de una vida deportiva entre espinas, por la búsqueda esperanzada de un camino soñado que se hace realidad tras una permanente lucha.

Al final de este incierto camino, los dos viajeros quedan exhaustos, detienen su andar para evitar sufrimientos a la familia y lanzan como mensaje final que después de todo sólo quedan los afectos fundamentales de familiares y amigos. Y todo ello, aferrados al dulce recuerdo de la mágica locura que, en forma de pelota, les permitió ayudar a la familia, compartir la vida con gente extraordinaria y conocer a personajes que nunca soñaron.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

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Los datos de número de ediciones, ejemplares vendidos, tipo de comprador y principal país de ventas han sido facilitados por Editorial Planeta (Buenos Aires) y por Grupo Santillana de Ediciones (Madrid).