Domingo, 05 de abril de 2020

erario

La palabra latina aes, aeris se empleaba como nombre genérico de todos los metales que se extraían de la tierra, excepto el oro y la plata, y provenía de la raíz indoeuropea aios- ‘metal’. Con el paso del tiempo, se fueron distinguiendo significados más específicos: Plinio llamó aes cyprium ‘de Chipre’ al mineral que se extraía de esa isla, y así dio su nombre al cobre*. El significado de ‘metal’ también confirió a aes el valor semántico de ‘dinero’, que en español se mantiene hasta hoy: decimos que algo se paga ‘en metálico’ para denotar que el pago se realiza en efectivo. Veamos algunos de los usos que los autores clásicos daban a aes, aeris:

Aes cyprium ‘cobre’ (Plinio) Aes grave ‘latón en barra’ (Tito Livio) Ducere aera ‘colar el bronce’ (Horacio) Incidere in aes ‘grabar en bronce’ (Cicerón) Aera legum ‘tablas de la ley’ (Cicerón) Aera spiran ‘estatuas de bronce animadas’ (Cicerón) Aes prolatum ‘escudo’ (Enio) Aes rectum ‘trompeta derecha’ (Juvenal) Aere ciere ‘llamar (a los soldados) con la trompeta’ (Virgilio) Aere pontus confinditur ‘El mar es cortado por la proa de bronce’ (Tiberio) Aes alienum ‘dinero ajeno’ o ‘dinero prestado’ Aere alieno exire ‘pagar las deudas’.

Con el bronce se construyeron los primeros cofres de seguridad para guardar oro y metales preciosos, que se llamaron aerarium, nombre que muy pronto Cicerón dio al Tesoro público, aunque también existían el privatum aerarium Caesaris ‘Tesoro privado del César’ y el aerarium Saturni, un templo de Saturno donde se guardaban los textos grabados en bronce de algunas leyes, así como condecoraciones y medallas. En el latín medieval, de aes, aeris se derivó aeramen, que se aplicaba a todos los objetos de bronce y que dio lugar en español, a comienzos del siglo XIII, a aramne ‘alambre’, que más tarde evolucionó a arambre y alambre. El as, una moneda romana de poco valor, as, assis en latín, no tiene el mismo origen; se cree que proviene del etrusco. Sin embargo, Tito Livio empleaba mille aeris con el significado de ‘mil ases’ o también ‘mil libras de cobre’.


Estos textos ha sido extraídos de los libros de Ricardo Soca La fascinante historia de las palabras y Nuevas fascinantes historias de las palabras.

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