Domingo, 22 de octubre de 2017

Universidad colombiana estudia y cultiva sus lenguas indígenas

 

La lingüista Olga Ardila, especialista en lenguas indígenas amazónicas

 

 

Ricardo Soca

 

El inventario básico revela que hay 67 lenguas en Colombia, pero algunas de ellas están desapareciendo, puesto que tienen muy pocos hablantes; otras ni siquiera se conocen, porque hace siglos que se separaron de los grupos originarios y sus hablantes actuales no quieren tener contacto con elhombre blanco; prefieren que los dejen en paz, informó a La Página del Idioma Español la lingüista Olga Ardila, docente en Lenguas Indígenas de la Universidad Nacional de Colombia .

Esto ocurre principalmente en la zona del Amazonas, donde hay ese tipo de lenguas ignotas. El Amazonas colombiano tiene por lo menos la mitad de las lenguas indígenas de toda la cuenca, pero algunas tienen muy pocos hablantes, y casi todos ya hablan español porque ha habido muchos contactos. Se habla mucho de respetar su lengua y cultura, de alfabetizarlos en su propia lengua pero el español acaba por imponerse.

Ardila comentó que estas lenguas pertenecen a catorce troncos diferentes, pero que puede ocurrir que lenguas que hoy no están vinculadas lo hayan estado en épocas anteriores, aunque eso no se ha estudiado mucho. “Ahora estamos en la tarea de ver cuáles son las lenguas que van sobreviviendo y cuántos hablantes realmente tienen; se estudia la estructura de la lengua, la fonología, la gramática y el léxico”, explicó.

“Tenemos un curso llamado Panorama Lingüístico Colombiano en el que abordamos muchos problemas; tenemos cursos sobre la morfología y sobre la sintaxis de las lenguas indígenas”, agregó.

La expert explicó que “las lenguas indígenas son muy diferentes del español, tanto como puede ser el chino, o incluso más. También son muy diferentes entre sí, de modo que ni siquiera el número de vocales con que cuentan es igual para todas, aunque lo más común es un sistema de seis vocales; las cinco que tenemos nosotros y otra mucho más cerrada y estirada que el schwa. Pero hay más cosas, vocales largas, vocales nasales, vocales glotalizadas...”.

Una cosa muy curiosa en algunas de estas lenguas es el sistema de los evidenciales, que algunos llaman sistemas epistémicos, puesto que su función es precisar el grado de certeza de lo que se dice. Ardila lo explica así: “Si yo vi, yo soy testigo, es lo más seguro. Si alguien dice Juan vino ayer, lo sabe porque lo vio. En este caso se trata de una certeza visual, pero también puedo decir la casa se quemó, sin haber visto el incendio, pero habiendo oído el crepitar del fuego y sentido el calor de las llamas; es el mismo grado de certeza, pero no es visual sino auditiva. Puedo también tener un grado de certeza un poco inferior: yo no vi el tigre pero vi sus huellas en la playa, entonces puedo decir por aquí pasó el tigre, es una inferencia. También puedo repetir lo que otro dijo: yo no lo vi, pero otro me dijo que él vino. Otra inferencia sería: una persona vino y yo no la vi pero vi su maleta. Y esto ya es menos seguro, es lo que se llama el lenguaje de los chismes. Muchas lenguas indígenas tienen sofisticados sistemas para expresar el grado de certeza de lo que se dice. Para estas culturas, lo que está escrito es una inferencia: yo no lo vi, pero está escrito en un papel, para ellos es más incierto aún”.

Esta modalización de la certeza es muy común en las lenguas amazónicas colombianas; ellos son muy precisos cuando hablan.

En cuanto al grado de desarrollo de las lenguas amazónicas, Ardila aseguró que hay universidades indígenas en que funcionan en las lenguas originarias, financiadas por el Estado. En general, trabajan en cuestiones étnicas, derecho, problemas territoriales. En la Universidad de Antioquia hay un programa de la etnia kuna, que tiene pocos hablantes en Colombia y muchos en Panamá.

En la UNC hay indígenas que forman parte del profesorado, algunos de ellos dictando cursos de lenguas indígenas. Ardila opinó sobre la recopilación, a comienzos del siglo XIX, del léxico del grupo rioplatense chaná, llevado a cabo por el presbítero e investigador rioplatense Dámaso Antonio Larrañaga, recogido por Bertolotti-Coll (2014)

[1]

.

Larrañaga () relató la siguiente conversación con un indígena bilingüe:

—¿Cómo diremos esto: qué tal va tu trabajo?

—Retantitenmuimarmár.

—Y bien ¿cuántas palabras hay aquí?

—Una, nomás.

—No puede ser, ¿Qué quiere decir retanti?

—¿Cómo va tu trabajo?

—¿Y marmar?

—Lo mismo, quiere decir lo mismo.

Los ojos de Ardila brillaron cuando leyó este párrafo: “Eso lo tengo clarísimo, la escritura es lo que permite la traducción; ellos manejan conceptos, no manejan morfemas, que son fenómenos propios de la escritura. Los pueblos ágrafos difícilmente son capaces de separar palabras, se trata de un ejercicio que solo un sujeto excepcionalmente dotado podría llevar a cabo”, aseguró.

“Yo he conocido a indígenas de extraordinaria percepción lingüística, que descubrieron cosas por su cuenta. Hay una historia muy interesante sobre un indígena norteamericano que inventó la escritura por su cuenta hacia fines del siglo XVIII y comienzos del XIX. Él veía que los blancos escribían y después podían leer aquello que estaba en el papel sin necesidad de oírlo. Aquello le pareció tan maravilloso que se puso a trabajar para inventar un sistema que le permitiera recoger el habla en papel. Se pasó un tiempo encerrado elaboró primero un sistema de ideogramas; luego avanzó hacia una escritura de fonemas y sílabas hasta que logró escribir. Una vez convocó a la comunidad para mostrarle su hallazgo. Le pidió a su hija que saliera un momento de la reunión y dijo una frase y luego la escribió en su precario alfabeto. Luego su hija vino y leyó la oración. Todo el mundo quedó entre aterrado y admirado y todos quisieron aprender a leer y escribir. La lengua cherokee había dejado de ser ágrafa. Lo admirable es que él hizo por sí solo una hazaña que a la humanidad le llevó miles de años; primero se llegó a la escritura pictográfica y luego a la alfabética, con la participación de algunos miles de personas. Y él recorrió ese camino en poquísimo tiempo”.

 





[1]

Bertolotti, Virginia y Magdalena Coll. Retrato lingüístico del Uruguay. Un enfoque histórico sobre las lenguas en la región. Montevideo: Ediciones Universitarias, Udelar.